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Post 18 de febrero 2001

REPERCUSIONES
de una noche
muy bossa. Y más nova que nunca
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Jobim- Morelenbaum
Telecom Jazz Festival
18 de febrero 2001 Anfiteatro Puerto Madero . Bs As

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La noche Jobim- Morelenbaum

Por Lic Pablo Avelluto - Periodista

El clima es el ideal. Alguien dice Woodstock. Pero podria ser el Central Park , una de esas tardecitas del verano que se empieza a ir, fechando o verão e as promessas de vida no teu coração.

Estoy literalmente acostado en el pasto. En la primera fila junto a las vallas. Con mi familia. Los chicos estan molestos y poco acostumbrados. Lo veo a Gustavo, fanático extremo, fundamentalista jobiniano con su carpeta que pide un museo Tom Jobim en Rio . Promotor de la obra de Antonio Brasileiro desde internet tomjobim.com.ar. Nano Herrera, a mitad de camino entre el maestro de ceremonias y el clown me menciona cuando me reconoce en la multitud.
Felicito a Roberto Addenbaum, productor que lo hizo muy bien.
Un olor errante e inconfundible surca el aire caliente de la tarde que se sigue yendo. Alguien fuma.

Cuarteto Jobim / Morelenbaum. La primera vez que lei ese nombre estaba en Nueva York y el nombre estaba en la tapa de un disco brasilero comprado en J&R, junto al Town Hall en Manhattan. La segunda vez, escucha el disco completo en un bar en la playa en las vacaciones catarinenses. La tercera fue el sábado a la noche en el auto. Padababa, padababababa, padababa, padabababa, padababa, padaba, padaba. Agua de beber.

Jacques Morelenbaum es igual a mi amigo, Juan Pablo. Su mujer es tremendamente sensual. Paulo Jobim es muy parecido a su padre. Hay una sorpresa recíproca de un lado y del otro de la valla. Mucha gente entiende y los piecitos se empiezan a mover. Los hombros bailan, la cantante mueve las manos, un chico que se agarra a la valla como un mono titi mira hacia atrás, emocionado Gustavo, llora sin que se note.

Esas canciones son algo superior e increible. Hay una sofisticación que encubre la simpleza más simple. Despectivamente una vez una chica brasilera me dijo que era solo whisky y mar, música burguesa. Música burguesa y whisky y mar y las verdades de la vida, en Tom y Vinicius de Moraes, en Tom y Newton Mendonça, en Tom y Tom y Tom y Tomo Tom.

Van pasando, Surfboard, el cello solo en Retrato em branco e preto, Meditação, Correnteza, Aguas de Março, Urubu, y la gente se relaja y aplaude y aplaude y empieza a cantar y alguno ya baila aunque todavia falte la garota y la samba do avião y la del soho. Pero yo me emociono, y los ojos mios van de un lado al otro del escenario porque cantan Bim Bom de João Gilberto, y siento que es para mi.

Falta poco. Cumpleaños. 35 años atrás Jobim grababa con Sinatra en Los Angeles y los acordes de la guitarra eran iguales cuando empieza la garota, oh how I love her so badly. Y tristeza não tem fim y termina todo otra vez, agua de beber.

Como dice Mark Murphy en Stoppin' the clock, de Fran Landesman y Roy Kral, We can lose another year. Obrigado.


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Sonidos de Brasil
Noche de bossa nova
Por
César Pradines / Diario La Nación

Unas 10.000 personas se reunieron en el auditorio de Puerto Madero para disfrutar de la bossa nova del Quarteto Jobim-Jaques Morelenbaum (que aquí llegó como quinteto) en uno de los shows de mayor calidad de este verano.

La formación, con Paula Morelenbaum en canto, Paulo Jobim en guitarra y canto, Alfredo Cardim en piano, Marcelo Costa en batería y percusión, dirigidos por Jacques Morelenbaum en chelo y coros, transitó por una variedad de atmósferas en las cuales la nostalgia y cierta tristeza que, acentuada por el sonido del instrumento de cuerdas agregó cierto dramatismo a la música, tuvieron un papel protagónico.

Sin embargo, la belleza del ritmo, de la batida, produjo ese clima que si bien no se opone al espíritu de esa lírica plena de nostalgia la acompaña de un modo más resignado, que quita dramatismo.

El quinteto logra producir sobre el auditorio un hipnótico bienestar en el cual la melodia y la voz se volvieron una sola con el público. Un feedback que deslumbró al auditorio y a los artistas, quienes debieron regresar a lo suyo tres veces antes de poder partir definitivamente. Como esa frase que Jacques Morelenbaum dijo poco antes de terminar su faena: "No nos fuimos y ya queremos volver".

Tocar a Jobim es tocar bossa nova, y el concierto que presentó este grupo que era acompañante del genial músico brasilero fue una exposición más que lúcida de ese mundo tan particular, donde existen contrastes de fuerte magnetismo entre letra y música.

Una introducción instrumental seguida de "Agua de beber" abre el show del grupo; la voz de Paula, de timbre algo brillante, se complementa con la Paulo, sapiente y medido, como una de las señales de una heredada bendición. El grupo tiene una soltura en su interpretación que encandila a la audiencia.

"Ela é carioca", el siseo de Paula muestra un origen común a la protagonista de la letra; la lírica de Vinicius de Moraes deslumbra por la sencillez de imágenes en las cuales el primer plano siempre está dirigido a la mujer.

Hasta aquíse observa que este grupo interpreta a Jobim bajo la premisa del fallecido músico, "menos es más", con la que exaltan la belleza melódica, como en "A correnteza", de un melodismo que penetra la piel, que toma el lugar de la emociónn, una música abundante de endorfinas. Jobim era un alquimista que lograba componer con su música un placebo contra el dolor existencial, un modo de encontrar un espacio vivible en el mundo.

El chelo de Morelenbaum produce en "Falando de amor" un lamento, casi un llanto, como ese pedido ilustrado en la letra en que alguien le reclama que regrese a su mujer amada. Hay un permanente dramatismo en el mundo de la bossa. Será porque son artistas que le cantan a la mujer ?

"Insensatez" es uno de los himnos de la noche (hubo varios) en el que se pone en claro hasta dónde convive la dramaticidad en la lírica de estos poetas brasileros y dice: "Quien nunca amó no merece ser amado; quien nunca perdonó, no será perdonado"; la voz de Paula con el sostenido respaldo de Paulo transmiten el color de la bossa con sus nítidos claroscuros. Un ensamble vocal de ajustadísima emocionalidad, como el de los músicos, con la sobria percusión de Marcelo Costa, cuya cadencia y sonoridad colaboraron grandemente con el brillo general, o de Cardim, quien mostró una manera de acompañar tan seria como sólida.

Morelenbaum hará "Retrato em branco e preto" como solista. Su estilo transmite vivencias; regresa una y otra vez sobre ciertas frases de la melodía, como una manera de subrayar cierta emoción que se despliega de su arco. Jamás sobreactuada, el tema conserva el calor original, aunque con otros timbres.

Llega la última parte, llena de esas joyas conocidas, como "Tristeza", "Desafinado" (hecha de manera más rápida), "Chega de saudade", "Aguas de março" y "Garota". El público no los deja ir y deberán, en una tercera y postrera entrada, repetir "Agua de beber".


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Diario La Nacion

Entrevista del 9 de febrero 2001
Jaques Morelenbaum:
visita de lujo Con el sello de Tom Jobim

 



El gran violonchelista tocará en Buenos Aires junto al hijo del autor de "Desafinado"

Se presentará el domingo 18, para el cierre del Telecom JazzFestival .Reproduce el sonido de la bossa nova en estado puro .Hizo arreglos musicales para Caetano Veloso y Gal Costa

El legado de Antonio Carlos Jobim, uno de los grandes creadores de la música popular del siglo que acaba de irse, está en buenas manos.
¿Quién si no su hijo Paulo, su nieto Daniel y sus filhos adoptivos Paula y Jaques Morelenbaum podrían reproducir mejor en vivo la particularísima alquimia musical de Tom, a seis años de su muerte?

Por eso el domingo 18 del actual, gracias al Quarteto Jobim-Morelenbaum, los porteños podrán disfrutar del color original de clásicos como "Agua de beber", "Desafinado", "Corcovado" o "A Felicidade" (aunque en esta oportunidad no estará Daniel Jobim) en el cierre de lujo del Telecom Jazz Festival, que se está desarrollando en en el Anfiteatro Puerto Madero.

Como ocurre desde hace ya más de una década, cada vez que un proyecto vinculado con la música popular brasileña (MPB) respira calidad, inteligencia y solidez musical, lo más probable es que entre sus cabezas se encuentre Jaques Morelenbaum. El violonchelista, "responsable" de que su instrumento se haya sumado como uno más al colorido paisaje de la MPB, es el arreglador de referencia para artistas como Caetano Veloso ("Livro" y "Fina estampa", nada menos), Gal Costa, convocado para hacer música de películas y para sumar suinstrumento de cuerdas a los proyectos más variados.

Nacido en una familia de músicos con formación clásica -su padre es director de orquesta-, a los diez años el joven Jaques se lanzaba a la aventura de hacer del clásico sonido grave del chelo, una voz más en el concierto de la música popular brasileña, aunque por su bajo perfil empedernido prefiera decir que el mérito fue de Villa-Lobos o Gismonti.

Lo cierto es que después de 15 años de trabajo, fue convocado por el fundador de la bossa nova en 1984 para formar parte de su Nova Banda, en la que participaron, entre otros, Paolo Jobim (guitarra), Danilo Caymmi (hijo de Dorival) y un coro en el que también participo Paula, mujer de Jaques.

Para Jaques Morelenbaum los diez años de trabajo con el autor de la música de "Garota de Ipanema" marcaron profundamente su vida. Como el chelista recuerda en diálogo telefónico con La nacion, la creación del Quarteto Jobim-Morelenbaum, no representa un regreso a aquella experiencia "sino seguir tocando esa música que ya era muy importante para mi vida antes de que él muriera y que se potenció enormemente durante los 10 años que pasamos prácticamente conviviendo con él diariamente. Esta música se transformó en una necesidad vital para mí, y cuando él se fue , dejó un vacío muy grande en mi vida, mi corazón y mi música. Y me di cuenta de que la manera más efectiva de mantenerlo vivo es tocándola".

Es tan grande la veneración que Jaques tiene por lo que el "pensamiento musical de Jobim" que, en esta oportunidad, participa solo como instrumentista y no como arreglador. Es que el cuarteto continúa explorando esta música a partir de los arreglos que realizaron durante la década compartida con el propio Jobim. Así, los casi 80 temas que el grupo tiene en repertorio,vuelven a surgir con ese mismo clima camarístico, íntimo y dulce, que el original, con la sobrecogedora impresión que causa escuchar la voz de los descendientes del compañero de ruta de Vinicius de Moraes.

"Paula, Paulo Jobim y yo ya tocamos como trío durante algunos años paralelamente al trabajo de la banda con Tom. El trabajo como cuarteto fue una continuación de eso, que tomó forma cuando participamos en un tributo realizado en Nueva York. Paulo sugirió que viniera Daniel Jobim, su hijo, y un percusionista. El resultado fue estimulante y la aceptación fue muy buena en una noche en la que participaron artistas de renombre internacional como Herbie Hancock ,Gal Costa, Caetano Veloso, Michael Brecker.

-¿Qué es lo que aporta cada uno de los integrantes con respecto a la obra de Jobim?


-Con Paulo y Daniel está la genética de Tom; es algo así como la nueva generación que continua su música de una forma naturalmente íntima y cercana. Paula y yo convivimos con el durante tantos años que pudimos conocer de muy cerca su pensamiento musical.

En el CD que grabaron se escucha que respetaron mucho los arreglos de la época de Nova Banda

Es muy delicado, cuando uno trabaja con un genio como Jobim, sumar otras cosas en su música. Especialmente porque una de las virtudes de la obra de Tom es decir mucho con pocos elementos. Es una característica de su estilo. Nosotros aprendimos a no incluir mucho encima de una cosa que ya dice mucho. Por ejemplo, la forma en que Tom toca el piano: ahí se tiene una lección magistral de orquestación. En mi caso, el violonchelo cumple un papel que es establecer contracantos, contrapuntos. Para eso buscaba frases para mí "dentro" del piano de Tom que era tan inteligente, tan rico.

¿Por qué optaron por la fidelidad, más que la recreación?

Tom es tan conocido mundialmente, y tantos grandes músicos se sienten atraídos por su obra, que creo que sentimos la obligación de mostrar al público y a los músicos en general el pensamiento de Tom, puro y simple. Claro que esto no se transforma en una prisión para nosotros, porque nos damos algunas libertades, nuestra relación con la música cuando tocamos tiene relación con el jazz en el uso de la improvisación. Lo que está claro es que no tenemos pretensiones de hacer algo nuevo y sí mostrar esa obra tan rica y tan inspiradora para nosotros, la más próxima al original.

¿Cómo era el trabajo cotidiano con Jobim?

Ese grupo tenía una atmósfera muy familiar. El lo formó cuando estaba llegando a los 60 años y creo que buscó ese ambiente familiar, porque quería tener confianza total en las personas que buscaba. El no comentaba lo que cada uno hacía, se concentraba en los arreglos vocales y la parte instrumental la dejaba en manos de la gente. También fue importante la relación cotidiana. Se conoce mucho del artista sabiendo qué piensa sobre política, sobre las relaciones humanas, la naturaleza.

¿Fue desde el ingreso al grupo de Jobim que usted incorporó su instrumento al imaginario habitual de la música popular de Brasil ?

El violonchelo existe en la música brasileña desde Heitor Villa-Lobos, que ya hizo la conexión de lo popular con los clásico en sus obras. De hecho, él mismo era chelista. Creo que la atracción por el chelo de Jobim tiene una cierta influencia de él, como también ocurrió con Egberto Gismonti. Creo que en mi caso ayudé tal vez a popularizar el chelo como parte de la MPB, pero ya tenía una historia y yo fui beneficiado por ella. Yo encontré la conexión no solo con Villa-Lobos sino también en mi beatlemanía: George Martin usaba mucho el chelo, por ejemplo, en "Eleanor Rigby". Pero sólo soy parte de una evolución.

Lo que usted aportó, tal vez, fue crear un modo de tocar el chelo de manera no clásica.

Desde los primeros años me interesó crear una voz propia en el instrumento. El chelo es un instrumento de expresión. Siempre busqué desenvolver una voz propia, personal un estímulo para buscar nuevos sonidos, efectos, nuevas posibilidades para el chelo. Y cuando comencé a tocar no tenía muchos referentes, como sí lo tienen los guitarristas o los saxofonistas. Así que tuve que buscar mi propio camino.

En el nombre de Tom Jobim, el Quarteto Morelenbaum-Jobim, con la sola falta con aviso de su nieto Daniel y el aporte de percusión, trasladará por una noche todo el frondoso imaginario sonoro del Brasil al pleno centro porteño.

Martín Liut

 

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